miércoles, 28 de marzo de 2012

Nuestro dolor...


Hace como una semana estuvimos con unos jóvenes en una reunión donde compartimos acerca de que es lo que nos hacía feliz del camino de Cristo, a lo que yo respondí: el dolor.
Yo creo que cuando dije eso, la gente que estaba a mí alrededor no me entendió o no le parecía lo que yo decía, y hasta puedo pensar que algunos me vieron como una persona súper negativa que no sabía cómo vivir la religión. Por eso tuve ganas de escribir esto para expresarme y así darme a entender…

Hoy en día se mueve entre las mentes jóvenes un error TERRIBLE. Y ese error se expresa en las siguientes “creencias” utilizadas: “A mí no me tiene que salir nada mal porque creo en Dios”, “No le puede pasar nada a mis familiares porque creo en Dios”, “no puede haber tristezas en mi vida, porque creo en Dios” o el más comúnmente usado y que engloba todo: “El camino con Cristo es si o si color de rosas”…. Increíble, ¿Quien no quiere así estar en esto no? ¿Quién no querría así seguir a Cristo, si todo le va a salir bien y como tiene planeado?

El problema en los jóvenes hoy en día por lo que podemos leer no es el marketing! Porque la propaganda que le hacemos a este estilo de vida es buenísima! ¿Dónde está entonces el problema? El problema está en lo siguiente: Estamos regalando rosas, pero sin avisar que tiene espinas..

Si bien cuando conocemos el camino de Cristo generalmente se nos presenta en un momento emocional, en un retiro, misiones, en alguna situación triste o muy feliz de la vida, etc. Y dentro de nosotros nace algo que comúnmente denominamos como “fuego”. Ese fuego es una de las cosas más hermosas que hay, es un sentimiento muy intenso que nos hace dar vueltas y vueltas sin entender lo que hacemos, muchas veces nos hace ser impulsivos respecto a seguir a Cristo, cosa que no está mal. Pero como siempre digo: OJO. El camino de Cristo es una rosa, pero con espinas…

Cuando se nos presenta esa oportunidad de conocerlo recién estamos oliendo la flor, percibimos ese aroma a “vida” y nuestros siguientes actos giran en torno a tener esa flor que nos enamoró en la mano; que sea parte de nuestra vida! Hasta ahí estamos sin problemas… Pero tenemos que saber algo que no nos dicen en las propagandas y muy pocos de nosotros nos dedicamos a profundizar el tema: Cristo no quiere admiradores, quiere SEGUIDORES. Vino al mundo no para tener un fan page en Facebook o tener un movimiento de millones de personas que lo quieran mucho. NO! Vino para presentar el camino de la vida: el amor! Y nos pide una sola cosa: SER CRISTOS.

Es este el momento donde vemos esa flor y está cerca, y es tan hermosa y la queremos agarrar tanto que no miramos que esa flor tiene espinas. Y cuando hablo de espinas no me refiero a pasar mal, sufrir, llorar todo el día, estar bajoneados, etc. como creo yo me interpretaron. Me refiero a que Cristo vino a este mundo y tuvo EL como Dios que fue y es miles de tentaciones y ocasiones de sufrimiento: Murió su padre (nadie casi piensa en eso), murió su mejor amigo, lo traiciono uno de sus discípulos, lo tentó el demonio en el desierto, estuvo solo en el huerto de los olivos, lo CRUCIFICARON, entre varias.

                Y yo creo que es IMPOSIBLE ser otros Cristos sin dolor, pero quiero explicar a que dolor me refiero… Cuando nosotros hablamos de ser otros Cristos ¿que buscamos? Muchos buscan ser espirituales, muchos buscan estar para el prójimo, muchos buscan expandirse en sabiduría, entre otras. Y yo creo que todas las opciones anteriores son valederas, pero más creo que ser Cristo es una suma de muchas cosas (todas las anteriores entre esas) que tenemos que ir desarrollando a lo largo de nuestra vida, es un proceso, es un camino, es un CAMBIO, es una decisión! Pero es una decisión en donde los cambios acarrean dolores humanos! El extrañar lo que hacíamos, a “amigos” que nos dejan de lado, el luchar contra nuestras debilidades, la desaprobación de mucha gente, el ataque de otras, etc.

Personalmente yo busco la semejanza a Cristo en su faceta humana-luchadora, un Cristo que sufre pero a la vez es invencible! Y cuando hablamos de esa invencibilidad no hablamos del cuerpo ni de su parte divina, sino del alma, un alma que todos tenemos y que también la podemos hacer invencible. Ese es Cristo hombre, una persona al cual le tocaron mil penas, pero permaneció alegre y fiel a su misión. Un HOMBRE, sí, porque era eso también y justamente por eso démosle todo el mérito! Entendamos también que Cristo vio esa rosa, que era el camino y la misión de su padre, pero él sabía que iba a coronarse con las espinas y aun así prosiguió…

El crecer, el luchar, el decidir, el amar, el perseverar, etc. Lleva consigo ese dolor humano que en varios momentos nos quiere decir basta! Porque nosotros nacimos en el mundo y el mundo en varios momentos nos succiono, al punto que nos duele la batalla contra el mismo. Pero nosotros seguimos luchando contra nosotros mismos y el mundo, seguimos y seguimos hasta que nos duela… hasta tocar las espinas, pero aun así poder admirar esa flor y que valga la pena. ESE es el dolor del cual yo hablo; que al final termina siendo una de las cosas más gratificantes del camino, el saber que costo, costo y COSTO.. pero llegamos…

Nuestro camino va a doler, no por las ocurrencias de la vida o las puñaladas del azar (que son los “sufrimientos” que nos da la vida, sino porque nuestro crecimiento está lleno de las espinas que son las trabas del mundo..

“Que me pesen los hombros de tanta carga y me sangren las rodillas de tanto arrepentirme. Pase lo que pase Señor, nada hará que de ti me aleje”

Quedamos en eso...

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